CONCEPTOS BÁSICOS

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biodiversidad y servicios que prestan los ecosistemas

La biodiversidad, o diversidad biológica, es la variedad de organismos vivos del planeta, incluyendo todo tipo de especies —desde microorganismos hasta grandes vertebrados— y de ecosistemas, tanto terrestres como de agua dulce y marinos.

Se distinguen tres niveles de biodiversidad: la genética, la de especies y la de ecosistemas, y en su acepción más amplia, el concepto también incluye los procesos ecológicos y el entramado de interrelaciones que se establecen entre los organismos y su entorno.

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El concepto biodiversidad no solo incluye a las especies silvestres; también la variedad de ganado y de plantas cultivadas (agrobiodiversidad) forman parte de la diversidad de formas de vida de la Tierra.

¿por qué invertir en conservación de la biodiversidad?

La biodiversidad es la base del funcionamiento de los ecosistemas y su conservación es esencial para mantener los servicios que estos prestan y que nos proporcionan salud, bienestar, alimentos, medicinas y otros recursos vitales de los que depende nuestra existencia.

Se distinguen tres tipos básicos de servicios ecosistémicos:

· De aprovisionamiento: productos directos que obtenemos de los ecosistemas.

· De regulación: beneficios indirectos obtenidos como resultado de la regulación del propio sistema.

· Culturales: beneficios inmateriales, que la naturaleza ofrece facilitando oportunidades de ocio, turísticas, de disfrute del paisaje o de experiencias artísticas o espirituales, entre otras.

Estos servicios se sustentan sobre un cuarto tipo, los servicios de soporte, que son necesarios para la producción del resto de servicios ecosistémicos.

Aunque la diversidad biológica es indispensable para la habitabilidad del planeta, hay evidencias de que en los últimos cincuenta años se ha producido una alarmante pérdida de la biodiversidad y de los servicios que nos presta. El deterioro de ecosistemas a consecuencia de la urbanización, la sobreexplotación de recursos naturales y otros factores de gran relevancia, como el cambio climático, están causando la desaparición o regresión de centenares de especies y hábitats, así como la degradación de la calidad de muchos ecosistemas.

La actual tasa de extinción de especies es mil veces superior a la tasa natural.

Las cifras nos aportan una idea de la magnitud del conflicto. A escala mundial, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha estimado que la actual tasa de extinción de especies es mil veces superior a la tasa natural, a causa de las presiones de la actividad humana sobre los ecosistemas, y más de diecisiete mil especies (sobre el total de casi cincuenta mil descritas en el planeta) están amenazadas de extinción.

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, que analiza el estado y las tendencias de los servicios de los ecosistemas y su contribución al bienestar de las personas, estimó que el 60% de los servicios que prestan los ecosistemas se están degradando. La Agencia Europea de Medio Ambiente establece también que el 83% de los hábitats y el 60% de las especies animales y vegetales no presentan buen estado de conservación.

En los ecosistemas vinculados al agua, como ríos, estuarios o humedales, así como en prados y pastizales, es donde más han empeorado el estado de conservación, con un alto porcentaje de especies y hábitats cuyo estado se ha calificado como desfavorable. Incluso aves comunes han disminuido sus poblaciones alrededor del 45% en las últimas dos décadas, a causa de factores como la intensificación agrícola o el uso de pesticidas.

Los ecosistemas vinculados al agua son de los que más han empeorado su estado de conservación.

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fl_peque Servicios que prestan los ecosistemas. Fuente: adaptado de Ecosystems and Human Well-being. Synthesis (Millennium Ecosystem Assessment, 2005).

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La pérdida de biodiversidad tiene, además, un notable impacto económico. Por ejemplo, el valor de la polinización por insectos en el mundo se estima que se sitúa en torno a los 150 billones de euros anuales, lo que supone el 9,5% del valor total de la producción agrícola destinada a consumo humano. Solo en España, el valor de la polinización para estos cultivos fue de más de 2.400 millones de euros en el 2011.

El estudio La economía de los ecosistemas y la biodiversidad, auspiciado por la Comisión Europea, aporta datos más globales y estima que en el 2050 el coste de la pérdida de servicios ambientales derivados de la desaparición de biodiversidad ascenderá a 14 trillones de euros, el 7% del PIB mundial.

Detener la pérdida de biodiversidad es imperativo, no solo en beneficio de la naturaleza, sino para mantener el bienestar de las personas y el desarrollo económico y social.

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la infraestructura verde

La infraestructura verde es la red de espacios terrestres y acuáticos interconectados entre sí que sustenta la biodiversidad, favorece la resiliencia de los ecosistemas y potencia los servicios ecosistémicos.

Según la definición que la Comisión Europea facilitó en el 2013, esta red debe ser estratégicamente planificada, diseñada y gestionada de manera que ofrezca el más amplio número de servicios ecosistémicos. Se trata de un sistema multifuncional, por lo que un elemento será tanto más valioso cuantas más funciones ejerza (véase el apartado “Biodiversidad y servicios de los ecosistemas”). Un bosque que, además de albergar gran número de especies silvestres, es productivo (madera, biomasa, setas, etc.); ofrece lugares para la educación ambiental y para pasear, meditar o hacer deporte, y contribuye a la regulación climática (secuestro de carbono, entre otros efectos) es un magnífico ejemplo de infraestructura verde.

También lo es una zona agrícola que incluye hábitats y refugios para la fauna, donde no se utilizan productos tóxicos para el control de plagas y que ofrece oportunidades para la conservación de insectos polinizadores (estos, a su vez, contribuirán a aumentar la productividad de los cultivos).

La infraestructura verde se denomina también red verde y azul, puesto que incluye tanto elementos terrestres (verdes) como otros vinculados a aguas continentales o marinas (azules). Esta se contrapone a la infraestructura gris, es decir, las edificaciones e infraestructuras de todo tipo (de transporte, energéticas, etc.) diseñadas con una única función, construidas con hormigón, asfalto, acero y otros materiales, y que son más inhóspitas para la flora y la fauna silvestres e, incluso, constituyen barreras para su dispersión.

La infraestructura verde es la red de espacios terrestres y acuáticos interconectados entre ellos que sustenta la biodiversidad, favorece la resiliencia de los ecosistemas y potencia los servicios ecosistémicos.

Las actuaciones destinadas a reforzar la infraestructura verde contribuyen a:

· Evitar la extinción de especies y favorecer su conservación
a largo plazo.

· Permitir los flujos de semillas de plantas y el desplazamiento de animales incluso a través de medios urbanizados y de infraestructuras.

· Mantener ecosistemas en buen estado, capaces de persistir y de seguir prestando sus servicios a la sociedad.

· Reducir los costes por la prestación de servicios ecosistémicos (agua pura, aire limpio, suelos fértiles, polinización, etc.) que solo podrían suplirse con costosas soluciones tecnológicas.

La infraestructura verde provee múltiples beneficios, no solo para la biodiversidad, sino que puede favorecer la producción de materiales y las actividades recreativas, facilitar el secuestro de carbono o aumentar la capacidad de amortiguar el efecto de catástrofes naturales, entre otros.

Frente a soluciones tradicionales basadas en infraestructura gris, la infraestructura verde ofrece soluciones basadas en la naturaleza que suponen una nueva forma de afrontar la gestión de riesgos asociada a catástrofes naturales (Nature-based solutions, EEA, 2014). Así, la creación de lagunas naturales de inundación que permitan absorber, en lugares concretos, las aguas de ríos en casos de desbordamiento puede suponer una solución mucho más sostenible, tanto en el ámbito ecológico como en el económico, que la construcción de grandes diques de hormigón, que a duras penas serán capaces de reducir la vulnerabilidad de las comunidades locales frente a grandes inundaciones en el escenario de episodios climáticos extremos a los que nos enfrentamos.

La conservación de los espacios y elementos que integran la red verde y, en particular, de los grandes espacios naturales y los corredores ecológicos que permiten los flujos biológicos potencia el conjunto de la red. Y al contrario, si se degradan los elementos que integran la infraestructura verde, el sistema entero se debilita. Por ello, la restauración ecológica que permite recuperar la calidad de los hábitats deteriorados y de especies en mal estado de conservación es fundamental para fortalecer nuestra red verde y azul, y potenciar los servicios que nos prestan los ecosistemas.

Frente a soluciones tradicionales basadas en infraestructura gris, la infraestructura verde ofrece soluciones basadas en la naturaleza que suponen una nueva forma de afrontar la gestión de riesgos asociada a catástrofes naturales (Nature-based solutions, EEA, 2014).

elementos que integran la infraestructura verde

La infraestructura verde integra elementos muy diversos, desde grandes espacios naturales protegidos con gran riqueza de especies hasta espacios agrícolas o urbanos gestionados para favorecer la vida silvestre. En la figura que se presenta a continuación se indican algunos ejemplos de la infraestructura verde en un territorio en mosaico con alta diversidad de usos:

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fl_peque Elementos de la infraestructura verde en un paisaje en mosaico. Adaptado de: Construir una infraestructura verde para Europa (Comisión Europea, 2014).

1. Espacios naturales protegidos de alto valor para la biodiversidad que actúan como núcleos de la red; p. ej., un espacio forestal incluido en la Red Natura 2000.

2. Ecosistemas en buen estado de conservación fuera de las áreas protegidas; p. ej., un curso fluvial o un bosque isla.

3. Hábitats restaurados; p. ej., un prado con flores silvestres y refugios para insectos polinizadores o un hábitat de ribera

4. Zonas de amortiguamiento alrededor de áreas con uso intensivo, gestionadas de forma sostenible para favorecer biodiversidad; p. ej., una zona agrícola multifuncional.

5. Zonas urbanizadas donde coexisten usos residenciales, industriales o de servicios con elementos que favorecen la biodiversidad; p. ej., una instalación del ciclo del agua naturalizada o un parque empresarial con medidas para la biodiversidad.

6. Elementos verdes urbanos que, gracias a un diseño y a una gestión adecuados, albergan fauna y flora silvestres; p. ej., muros y cubiertas verdes en edificaciones o arbolado urbano.

7. Hábitats que facilitan corredores ecológicos lineales para la dispersión de organismos o puntos de descanso para fauna silvestre; p. ej., un seto, un humedal o un curso fluvial.

8. Estructuras de permeabilidad que mitigan el efecto barrera de las vías de transporte o de las presas en ríos; p. ej., un paso para la fauna o un dispositivo de paso de peces.